martes, 9 de octubre de 2007

Salvador Pliego -D F-Murmura el mar





Murmura el mar…
Eco y resonancia de una gota cristalina.

Murmura el mar…
Y me hinco entonces en su arena.
¿Me entiendes? -Le platico.
Te hablo de ella…
Bajo tu azul mirada sus ojos cristalinos reverberan.

Te hablo de ella…
En la profundidad su boca.
En la distancia su silueta inquieta.
Y el horizonte que se acerca cuando siento que me toca.
¿Me entiendes si te digo que mi boca saborea?

Mar, ¡qué hermosa es ella!.
Pálida, en tu cuesta, una ostra
de coral se viste, se descubre y se recuesta,
y a lo lejos, con la bruma,
su aperlada orilla a mí me mira…
¿Qué dirá de mí?.
En la arena, de hinojos, platicándote de ella…

¿Tú me entiendes que su rostro
es vitral de tu marea?
¿Que sus ojos son tu lejanía
y se dibujan resguardándose
en tu abultada cabellera?.

Mar, ¡qué linda es ella!.
Hay gotas que en la orilla,
tan sólo por sentirlas,
volatizan y sonrojan
y en sus labios se extasían.

Te platico que sus besos…
Mar, ¡hay besos como ella!.

¿Tú me entiendes?

Murmura el mar…
Y me hinco ante su arena.

Verónica Gutiérrez-D F- El alma va en desvelo




El alma va en desvelo,
en busca de ese aliento
que le traiga consuelo.

Sane su descontento,
llenando de sentido
su vida sin tormento.

Un pasado en olvido,
como un árbol que crece
como niño dormido.

Y en silencio se mece,
tan delicadamente
que el viento se estremece.

Pregunta claramente,
tú cariño ¿qué buscas?
un llorar estridente.

Dice busco mi paz,
anhelo descansar
sólo mira mi faz.

Ya no quiero danzar,
entre la soledad
ni deseo pensar.

Ten conmigo piedad,
quitame este dolor
dame de tu bondad.


Se mi Libertador,
¡mi paz, mi paz ¡ mi amor
Grandísimo Señor.


Véronica Gutiérrez-D F- Sotanas de fuego



Las viperinas corren,
entre formas ausentes de nácar
malévolas escupen veneno,
critican lo torcido del árbol
que inocente y erguido de orgullo
les brinda sombra fresca.

Se escucha el murmullo,
de las hojas secas que crujen
llenas de dolor al sentir
como “ellas” extraen su verdor,
se arrastran disfrazadas de hipocresía
se llevan todo a su paso cual torbellino.

El día apenas comienza,
y a golpes de pecho piden clemencia
en tanto por la espalda,
clavan sus colmillos filosos
sonríen, cual judas entregando
y vuelven a los pies del árbol.

Enredadas en palabras,
se cubren con sotanas de fuego
brindan con néctar de su amargura,
juegan con la honorabilidad ajena
la hacen trizas y la plantan en tierra,
el árbol sigue ahí y ellas también.


Thelma Kirsch -Monterrey- La madre Teresa-



Entre sílabas de pan entró del cielo
para abrir la puerta de un siglo caído,
salvar el eterno paréntesis de los cuerpos
sin amparo
y las cuatro sombras de castigo,
como frutos negros
de un árbol
en sangre enraizado.

Caminó más lejos,
más allá de su cuerpo,
donde lucha el gigante
cuando evoca al cielo;
apoyó con su amor
-en su maternidad dormida-
al hijo,
al hermano,
a la madre
a la amistad
y a la tierra;
dejó pasar los caminos
y tendió la mano
en claridad y vida.

Cariátide de la historia,
crepúsculo de ojos cenicientos,
con brillo de una corona
de pureza
y vestida de gala que ciñe sueños,
quedó en el silencio eterno
cobijando a Calcuta y al mundo.


A la puerta del templo nocturno
La madre tarde canosa
Apoyada en su cansancio
Deja en su alcancía la única moneda
Pablo Antonio Cuadra


Thelma Kirsch -Monterrey- Mi padre




Vive en un tranvía de algodón y paredes de aire.

Bajo techos de arcilla deambula cerca de los mortales
con tan solo un nombre que le envuelve
pues la gasa que le sostuvo se desintegró sin olvido.
El tiempo se rinde ante la memoria de una cuerda que tira;
malabarista sin eje llevando una esmeralda en la mano.

Escuchó el trueno renaciendo entre capullos que le reclaman,
siempre en versos presentes como antes sus sentidos.
Hoy, soledad que compite con la terquedad de la memoria,
y el sitio de la aurora,
dueño absoluto, lejano cuando la piedra arrastra.

Espacio finito,
remolino de arena que asentó la mancha al calcinar su sangre y le trajo al inicio,
al corazón que nunca se encierra
y engulle pensamientos que resisten torbellinos de olvido.

Vive entre sus paredes de aire,
bajo su techo de grava
con un instante
para escuchar la voz de su hijo.


Lucía Yepez-Monterrey- De la ausencia....


De la ausencia y lo que es una canción para encontrarte


Te busco en medio de una habitación sin puertas
y en ese lugar de la memoria donde tus pasos resuenan
como ciego ando con la lengua mojada en ajenos mares
negros peces circulan sin ríos ni ocasos
mi sombra en la ventana echará raíces
el silencio golpea los cristales

Más obscura que una pantera
te estoy pensando
más soberbia
que el relincho
de un potro entre la bruma
en el placer amargo de los desesperados de humedad me impregno
no hay olores que me recuerden tu desnudo cuerpo
ni ojos
abiertos
que ásperos
aguarden
no habrá tiempo de volver atrás
y llenarnos de sangre
en la hierba